lunes, 15 de noviembre de 2010

Spotted: the smartest girls befriending in the toilets

More than a few times the night brings the greatest (just saying) quotes. One of them was born last friday night, when a bunch of "it" girls were making up their faces  in front of the mirror, with the clever discussion it usually entails. I was just a witness, a lucky witness to be honest. I went there with a friend (you're not allowed to go in unless you go with a partner, at least that's how the women's toilets work), and I was about to do the same making up process when I focused on the talk. 

So impressive. I stood up staring at the 5 girls gathered in the toilet's hall with the poshest accent ever. I wondered for a moment if it wasn't just a dream. Then one of them decided it was time to finish the meeting, saying out loud (so kind with all the bystanders) the final conclusion: 
"I truly LOVE the friendships made in the toilets. They always last forever!"

Genius like these don't just happen, they're made. By parents more wicked than their offspring. 
Lady Madriz here, your one and only source into the scandalous lifes of Madriz's elite. Til death do us part.
x.o.x.o....

martes, 9 de noviembre de 2010

The storm is in the neighbourhood

Diez días para mi cumpleaños y presiento que será el cumpleaños más triste de cuantos recuerdo.
Como si me hubiese quedado atrapada, estancada en un tiempo y un espacio, y todo lo demás estuviese lleno de completo vacío. ¿Se puede, a los 24 años, vivir de recuerdos? Y si es así, ¿Hasta cuándo?

p.s.-Trying to keep smiling. just trying.
Heart vs. Mind. Heart winning so far.


En Indie-Spain, again

¿Qué es eso de metro? ¿Kilómetros? ¿Millas?
Nueva medida de distancia: UN CLICK hasta Lady Madriz sobre Miss Caffeina

domingo, 7 de noviembre de 2010

Chinese CIA: otra evidencia más

Los hay tontos puros, de los que lo son, y los hay tontos que son muy listos, pero que se lo hacen. Como bien me dijeron una vez, "Hay que ser muy listo para parecer tonto", y que encima nos lo creamos. Éstas y otras miles de dudas me surgen cuando pienso en la población china afincada en España, que regenta todo tipo de comercios y que éstos, a su vez, saturan nuestras calles. Me recuerda a la desaparición del cangrejo autóctono por el cangrejo rojo americano. ¿Invasión o Ley de Darwin?

Tengo que reconocer que les debo mucho, tho. Gracias a su invasión de mercado me es posible comer un arroz, o unos suculentos tallarines calentitos con tomate frito ilimitado a altas horas de la mañana, por no hablar de bocatas, snacks y celveza flía en cualquier rincón de la noche. Sin necesidad de llamar para un pedido, ellos te abastecen de víveres nocturnos allá donde estés a horas intempestivas. Benditos.
Ahora que, si prefieres hacer uso del teléfono en un evening de chill-out, también tienes sus servicios de comida a mansalva por un módico precio y pan chino de regalo.

Sin duda han revolucionado la industria del entretenimiento, poniendo en jaque hasta al mismísimo Corte Inglés. Antaño, cuando necesitabas algún tipo de complemento carnavalesco, pinturas, cuadernos, esmalte, medias, pincitas de colores, artículos de cumpleaños, pegamento o cualquier tipo de objeto inclasificable la respuesta era: El Corte Inglés. Allí tienen de todo, sea lo que sea lo encontrarás seguro en El Corte inglés.

Ahora, por supuesto, cualquier necesidad de este tipo se cubre con el bazar chino. Hasta los artículos más esperpénticos tienen cabida en sus cajoncillos blancos amontonados unos encima de otros. Ah, tierra de descubrimientos y sorpresas, los bazares chinos. Dignos de estudio.

Desde esta premisa, están aquí para que nuestra vida sea más fácil. Para hacernos felices, para cubrir todas nuestras necesidades de forma servicial 24 horas. Para hacer caso omiso a la ley que prohibe vender alcohol a partir de las 10 y esconderte de forma cómplice los dos cartones de vino en tu bolso. Para ponerte en bandeja la flor de plástico que ese intento de ligoteo en el bar pedía a gritos, o no, pero ellos te la plantan igual. Para hacer de decomisos, de frutos secos, de súper de última hora, de lo que quiera que sea que el público español demande.

Es curioso, pero estando en Edimburgo una de las cosas que más echaba de menos era a ellos. Y a sus servicios, por supuesto. Claro que España no es Europa y no en todos los lados viven tan al límite como nosotros, por lo que en España han encontrado su agosto perenne. Es más, cuando les explicaba a mis amigos multiculturales que en España, a parte de los comercios y bazares legales, por la noche te encontrabas fácilmente un chino en cada esquina con su cajita de cartón, sus bocatas, snacks, alcohol, e incluso tabaco, todos sin excepción se quedaban ojipláticos. Spain is different. Aunque no sé hasta qué punto se trata de indiosincrasia, o de tirón aprovechado por unos cuantos más listos que nosotros. Es más, sí que lo sé.

Y precisamente cuando estaba allí, descubrí OTRA EVIDENCIA MÁS de sus superioridad camuflada en ingenuidad falsa. Falsísima vamos, porque patente queda que son más listos que el hambre. Ahí va:

-Como bien sabemos, los chinos tienen dificultad para pronunciar las "r" en nuestro idioma. Celveza flía, un eulo. Aloz, aloz con tomate flito. Podría seguir con infinidad de consignas que se han sedimentado en nuestra consciencia siendo eco de burlas y mofas. Pues bien, resulta que en inglés su acento, paradójicamente, les hace tener dificultades con la "l", que pronuncian como "r". Usease, viceversa. Os dejo una prueba:


Unos hablan de planes para dominar el mundo, otros de estrategia lenta llevada a cabo en las traseras de sus tiendas, donde duermen hacinados 10 o 15 en cada una de ellas. ¿Estaremos infravalorando a la raza que quizá nos lleve a la extinción? ¿Porqué tienen esos rasgos, con los ojos entrecerrados como si estuviesen tramando algo? Y, lo más importante, ¿Quién acuñó la frase de "te han engañado como a un chino"??

Creo que deberíamos tener más cuidado con lo que decimos. Y con lo que hacemos. Con todo. A partir de ahora, dormiré con un ojo abierto. Por si acaso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

If I don't tell it, I'll blow up. From lost to the river.

Hoy me he autodespedido. No es que esté loca, es que he estado trabajando más de 15 días de 9 a 5 bajo unas condiciones que han resultado ser falsas. Mi salario asciende a 80 euros. TQD (Tenía que decirlo, www.teniaquedecirlo.com) + ADV (Asco de vida x mil, http://www.ascodevida.com/)

p.s.- Ver la cara de mi jefa al verme llegar en deportivas, it's just priceless.

*keep smiling*

martes, 2 de noviembre de 2010

Aunque tú no lo sepas

Sólo sé que la quería. No sé si habrá algo más cierto en esta historia, pero la quería. Por muchas razones. Porque me moría de ganas por pasar 25 horas al día con ella, y sin embargo no lo hacía. Porque me poseían los celos cada vez que quedaba a solas con alguien, y no era yo. O cuando salía con sus amigas de copas, y de mí solo salía un “espero que lo pases bien esta noche”. Porque a pesar de todo es lo que realmente deseaba. Porque mis líos en el trabajo, mis problemas, incluso las catástrofes mundiales parecían cosa de chicos cuando ella sonreía. Porque me llenaba de libros y de música, y no se cansaba nunca de una conversación interesante. Porque le gustaba arrugar la nariz de la forma más pícara que he visto nunca. Por su manera de abrazarme, porque no me importaba lo más mínimo si el mundo desaparecía en ese momento. Porque me hacía reír hasta que me dolía el estómago y tenía que suplicarle que parase. Porque aunque cogiéramos una barca a la deriva, solos ella y yo, y pasase el resto de mi vida sin más compañía que la suya, estoy seguro que seguiría siendo el hombre más feliz de toda la vía láctea.

Yo no le decía nada de esto, claro. Esperaba que ella lo supiera. Cómo si nos uniera algún tipo de interconexión, ¿No? Esas cosas se notan. Al menos, así descifraba yo sus miradas llenas de luz. La forma en que entrelazaba sus dedos con los míos. Sus vacíos de palabras en momentos demasiado llenos de otras cosas.

No sé si fue un equívoco mío desde el principio, o quizá con el paso del tiempo esa luz que bañaba sus ojos se tornó en oscura desconfianza, pero un día me lo confesó: No me creía. No importaba lo que yo dijera, hiciera o deshiciera, no parecía dispuesta a cambiar de opinión. Quizá debería haberlo intentado, pero como bien he dicho, esperaba que ella lo notase. Yo lo hacía, ¿Por qué no podía sentirlo ella también? ¿Por qué se empeñaba en envenenarlo todo con sucias palabras? Me lo confesó mirándome a los ojos. “No te creo, Félix, no creo que me quieras de verdad. Ni siquiera creo que sepas lo que es el amor”. Y a mí eso me dolió tanto que ni siquiera contesté, ni le dije nada de lo anterior, claro. No dije ni una palabra. Nada tenía ya ningún sentido, y a mi alrededor todo comenzaba a darme vueltas. Me sentía demasiado aturdido. Así que me levanté de aquel banco, y me fui.

Esa fue la última vez que la vi. Ahora ella está con otro que le regala perlas, rosas rojas y perfumes caros. Uno que empalaga cada conversación con palabras falsas y bobaliconas como el algodón de azúcar, y luego va a contárselas a otras.  También tiene dos niños, aunque he de reconocer que ellos son preciosos. Todo esto lo sé porque ya no es como antes, ahora puedo verlo todo. Veo como él se despide de ella después de apenas 3 minutos de conversación insulsa, como las que siempre tienen. Le dedica una sonrisa llena de mentiras y tarda 20 minutos exactos hasta la estación de tren, donde le espera su secretaria. Allí vuelve a repetir la operación. Ella no lo sabe, claro, porque él nunca se lo dice. Yo espero que lo note, aunque ella nunca fue buena en eso.