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lunes, 8 de julio de 2013

Like a Rolling Stone

Supongo que todos hemos sido testigos de incontables despedidas. Supongo que a todos nos ha invadido ese sentimiento de debilidad, como si te extirpasen en un segundo una parte de ti, aunque no sepas muy bien cual. Siempre es la misma sensación la que acompaña.

No solo por el que se va, sino porque el que se queda. Y viceversa. No solo te dejan un regusto agridulce porque son despedidas en sí, si no por todo lo que significan. Porque ves que la gente no para de llegar, para luego irse. Porque nadie se queda. Porque ves que tú no paras de llegar, para luego volver a irte. Porque tú tampoco te quedas. Porque ves que en tu camino hay miles de cruces, millones, pero nunca un camino común. Porque nada es eterno, and that’s alright. Y si está bien… si está bien si es tan fácil… por que duele así por dentro? Quizá nadie dijo que fuera fácil, solo que merecía la pena. Que nada desaparece, solo se transforma. Que para mejorar hay que cambiar, que la evolución es cambio. 

Pero ese alguien se olvidó de hacérselo entender a esa parte de nosotros, esa que se retuerce en cada ‘hasta luego’. Porque los ‘adiós’ siempre fueron demasiado duros como para ponerlos en alto, y preferimos mantener la esperanza de volver a vernos. Aunque muchas veces no sea verdad, y lo sepamos.

'Only know you've been high when you're feeling low.
Only hate the road when you're missing home.
Keep your head up, keep your heart strong.
Keep your mind set, keep your hair long.'




jueves, 7 de febrero de 2013

I don't believe in farewells

Tiene gracia, llevo con la misma canción en la cabeza desde ayer. Es un loop sin descanso, no deja de sonar. Hacía mucho que no lo hacía. Y entro aquí, y resulta que tengo la fecha exacta de la última vez que sonó en mi cabeza: 24 de febrero, fecha de mi último post. Gracias a mi memoria de pez me llevo sorpresas como ésta. Tras este inciso musical...

Tengo muchas cosas que escribir, pero me suele pasar como con las cosas que decir: tengo tantas que al final no digo ninguna. Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces.

Desde este blog que no lee nadie quiero dar las GRACIAS, con mayúsculas, a la gente de AXN. No exagero, las despedidas no son como en Gran Hermano donde los sentimientos se magnifican. No miento cuando digo que es el mejor sitio que conozco para trabajar. No por el lugar físico, aunque no tengo nada en contra de sus oficinas en acristaladas en Mordor. Nada que decir sobre el clima polar-sahariano extremo, ni sobre su cocina llena de termos-a-ver-cual-conserva-mejor-el-calor. 
Por supuesto, me refiero a las personas. A pesar de no haber sido la persona más extrovertida del mundo (nunca lo fui, qué le vamos a hacer), no han dejado de sorprenderme hasta el último día. Es el lugar con más buenas personas por metro cuadrado, y he de admitir que me han cambiado la visión laboral. Compañeros, jefes o no jefes, pero siempre con una sonrisa a punto de las que distan mucho de ser enlatadas. Siempre con palabras de ánimo y dispuestos a ayudar sin un ápice de competitividad. Porque sí, porque les sale.
Si alguna vez se alinean los planetas y se da la hipotética casualidad en la que alguien lee esto y a la vez es contratado para trabajar allí, solo decirle una palabra: Enhorabuena. No le deseo suerte, porque ya le ha tocado el gordo en el terreno laboral.

No quiero hacer un post despedida, nunca me gustaron. Pero sí quería dejar esas palabras, porque necesitaba ponerlas en alto. Virtualmente hablando, claro. No me despido porque mi blog sigue aquí, no desaparece. Ni desaparezco de Facebook, ni de todas las redes sociales de las que soy creyente y practicante. No me despido de nadie porque no voy a desintegrarme, ni a mudarme al círculo polar ártico en una misión secreta de la que no regresaré jamás. Me voy, sí, pero por un rato. Casi a la vuelta de la esquina, a dar un paseo. A ver qué se cuece por otros lares. 

Hace un año que tengo la maleta preparada. En realidad siempre la tengo a punto, porque sé exactamente lo que me llevo. No sé lo que permanecerá o no cuando vuelva, aunque no tengo miedo por ello. Sé que aquello que merece la pena permanece, porque aquello que realmente quiere estar en tu vida también lo estará más adelante. El resto es secundario. Y al fin y al cabo, el futuro no es más que una leyenda urbana. 

Dejo un post-recuento de maleta que hice hace un año, cuando pensé que emigraba. Al final resultó que no, pero la maleta continua intacta. (Leer aquí el post-recuento)

Por último, reafirmar lo que llevo mucho tiempo pensando...

Let's face it: I'M A VERY LUCKY GIRL.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Life's a mobile

Everything's changing.

Hay épocas donde parece que nunca pasa nada, y otras que las cosas cambian cada vez más.
Hoy mi vida ha sufrido un cambio (otro más). No estoy de acuerdo con el verbo "sufrir" como pareja inseparable de "cambio", pero en este caso se ajusta bastante a la realidad.

No suelo mezclar mi vida privada con blogs, por cuestiones legales y fundamentalmente basadas en el respeto. Puedo usar anécdotas cotidianas, pinceladas de conversaciones, siempre desde la ironía como segundo idioma. Pero hay excepciones, como la de hoy, que lo merecen.

Debería estar jumping for joy porque por fin estoy de vacaciones, porque voy a pisar la arena y a dar paseos para refrescarme los pies, porque voy a desconectar del mundo y dejarlo en la otra orilla por unos días. En lugar de eso, me he ido del trabajo sofocada entre hipos y llantos, con los puños empapados y el rimmel restregado por las mejillas. No he podido calmarme tampoco en el camino de vuelta a casa. He dejado el trabajo por unos días, sí... pero también me han dejado a mí.

He tenido varias y variadas experiencias laborales, bastantes compis de curro y días amenos con gente casi siempre decente. Pero hay personas que te marcan, por una razón o por otra. Y hoy me he sentido como una adolescente en el último día de campamento.

Sé que la gente no desaparece, que tampoco se evapora ni se funde en el espacio. Siguen ahí. Pero "ahí" es un término muy relativo. "Siempre estaré ahí cuando necesites", se oye a veces. ¿"Ahí", dónde? ¿Dónde puedo ir a buscarte cuando no te vea en la mesa de enfrente? ¿Y cuando eche en falta oír tu voz llamandome "honey" 30 veces al día? ¿Y los ratos de tanning + confidencias? ¿Estarás ahí cuando te eche de menos en esos momentos? Will you?

Charles era un apoyo de los que no sueles tener en ningún trabajo. Al menos, en los que yo he vivido. Bueno, tanto en lo suyo como en lo que respecta a los demás. Con su parte seria y currante, pero también con la otra. La de comentarios indecentes y conversaciones surrealistas. Hay que reconocerlo Charles, eres todo un personaje digno de estudio. Pero podrías habernos dejado estudiarte un poquito más...