viernes, 16 de junio de 2017

#Follow4follow #Instalike #wtf

Me gusta el desorden. La vida de a pie, sin complicaciones ni florituras. No me malentendáis: “cuqui” es un término que me encanta, junto con todos las palabras, objetos y estética que podrían definirse bajo su paraguas. Hay decoraciones preciosas. Con su orden, su concierto, su gama de tonos pastel y sus flores colocadas estratégicamente en el corner de la perfección.

Pero las redes sociales han hecho mucho daño, y me da la impresión que hacen las veces de escaparates sobre vidas plastificadas. De mentira. Ayer miraba un Instagram de una fashion blogger. Cada foto está perfectamente calculada. No solo las fotos de sus estilismos, sino también las que retratan su vida cotidiana. Sus desayunos, su vida en familia. Día en la piscina con toallas a juego, desayuno con tostada y aguacate perfectamente colocado al lado del mar. Qué pereza.

Qué gusto las tostadas de bar desordenadas, con ajo bien restregado y tomate esparcido por encima a trozos. Los cafés en tazas diferentes con logos de publicidad. Las toallas de piscina de hace 10 años, aún con un piolín dibujado en el centro pero casi con la misma suavidad que entonces.

No puedo con tanta energía. La vida ya es lo suficientemente dura y agitada, como para también gastar fuerzas diarias en que cada elemento combine entre sí. Me gusta ver mi salón bonito, con los cojines en su sitio. Pero también me gusta ver mis gafas sobre la mesa y el mando de la play de mi chico sobre el brazo del sofá, sin colocar. Me gusta mi casa imperfecta, las personas imperfectas y las fotos que reflejan lo que realmente hay.

martes, 24 de enero de 2017

Art never comes from happiness

Hey hello!

Hace decenios que no escribo, así en general. Ni aquí, ni en ningún otro sitio. Miento: escribo mails diarios, muchos. Pero en inglés. Y no son demasiado interesantes.

Pues casi que va a hacer un año desde que pisé con huellas dactilares estos lares, y fíjate por donde, no vengo a escribir nada triste. Soy consciente de que muchas personas, entre las que me encuentro, a veces usa la escritura como desahogo y eso conlleva a escribir cuando se está triste. O enfadado. O ambas. Y sin más contexto, cuando te dedicas a nutrir un blog y llevas ya 5 post, te das cuenta de que para cualquiera que te lea tu vida se parece bastante a una mierda. Proyectas una imagen de ti distorsionada, como si fueras una persona gris, melancólica... un coñazo, vamos. En realidad no es así: la mayoría de esas personas que escriben como desahogo tienen una existencia feliz y pasan la mayor parte del tiempo con buena cara. Quizá por eso, porque una vez que se desahogan ya se deshacen del lastre y pueden continuar sus días sin más. Peeeero claro, obviamente ese lastre queda escrito y se une a los anteriores, por lo que es fácil pensar que esa persona está al borde de la depresión más profunda.

Todo esto lo escribo porque alguien dijo alguna vez que el arte nunca viene de la felicidad. En parte concuerdo con ello, ya que en los estados de dolor más profundo nace una capacidad creadora alucinante. Imagino que nace del deseo de expulsar todo ese dolor, todo ese sentimiento que no se explica con palabras, todo esa bomba que nos está haciendo migajas por dentro. Y entonces, creas. Pintas, escribes, construyes, haces, dedicas, recorres, creas. Eso está bien. Las palabras fluyen mejor entre los dedos. Son muchos los artistas cuya inspiración era su vida llena de miserias.
Sin embargo cuando se es feliz, asquerosamente feliz, es difícil sacar toda ese manojo de sentimientos. No hay muchas obras de las que se diga "el autor estaba en el culmen de su vida, por lo que decidió crear esto". Quizá cuando eres asquerosamente feliz lo que menos te apetece es crear, porque quieres dedicar hasta el último segundo del día a disfrutar. Tienes otras cosas que hacer en tu cabeza, desahogarte en papel no es una de ellas.

Sí, puedo estar de acuerdo en parte. Pero qué coño. A la vez no lo estoy. La poesía es más bonita cuando habla de cosas cotidianas, alegres. Antes apreciaba los versos tristes, ahora me dan bastante pereza. Ya tenemos suficiente mierda en nuestras vidas como para leer autores depresivos, lánguidos, profundamente sufridores. Así que bueno, mi aportación del día es esta: art also comes from happiness. Es más, happiness is the real art.


lunes, 21 de marzo de 2016

Lady Madriz

Hace 3 meses.

Hace tres meses pero en realidad hace muchos más, más de los que puedo siquiera recordar. 
Ha pasado una eternidad desde esa persona, que ahora es otra.

Comencé este blog lo que se me antoja siglos. Volvía de Edimburgo, tras acabar la carrera, y no sabía muy bien qué hacer con mi vida. Pero quería que contara. Y que tuviera cosas que contar. Ambas cosas. 
Volvía de haber estado fuera por segunda vez, y aunque no descartaba irme de nuevo, como así ocurrió, siempre quise volver a casa. Madríz es casa. De ahí Lady Madríz. De ahí el pentagrama de una canción de una película. El sentimiento de estar en casa es el mejor. Lo busqué en muchos sitios. Lo encontré en personas.

Hace todos esos siglos. Volví y me compré un micrófono y muchos libros y juré nunca dejar de escribir. Nunca quise trabajar escribiendo, porque mi hobby quería que lo siguiera siendo para siempre. Que nunca se convirtiera en obligación. Poco a poco los hobbies quedan relegados a cuando el tiempo te deja, no a cuando les dejas tiempo. Antes buscaba planes y me sobraba tiempo, ahora es al revés.
Es raro. No digo diferente, digo raro.

Me gustan estos días aunque añore mi tiempo, y piense en cómo recuperarlo. Sé que algún día lo haré.
Cuando abrí este blog tenía muchas ideas, mucha energía, muchos planes, muchas canciones.
Hoy colecciono planes cumplidos, lecciones aprendidas, muchas canciones.

Faltan dos meses. Sí, dos meses. En dos meses no cambiara nada pero cambiará todo. Recapitularé mis días de blog, mis primeros escritos de quinceañera, mis múltiples posts pesimistas, amargos, tristes, mis chorradas sin sentido que solo me hacían gracia a mí, mis resúmenes de días extraños y cuentos cortos para días largos, mis expectativas, mis líneas cifradas llenas de nada y de todo, mis pequeños logros, mis fracasos. LadyMadriz fue una vez LadyTorino, LadyEdimurgh, LadyLondon, pero nunca dejó de ser todo eso. Y consiguió lo que quería. 
Y en dos meses, lo vuelve a conseguir. Pero esta vez, a lo grande.

Tengo casi 30 años, y aunque fue a los 23 cuando abrí este blog, aún me gusta recordarme.

lunes, 4 de enero de 2016

Tengo 29 años y no me apetece una mierda salir hasta el amanecer

Hace ya bastante tiempo que quiero explicarle esto a los que me rodean. A todos mis amigos y conocidos que dejan caer un "¿por qué ya nunca salimos de fiesta a tope?", o a mi hermana cuando me recrimina que soy un muermo la noche que ella quiere/puede salir y yo no.

Aquí hay un fallo de concepto que creo que muchos de ellos no entienden. No es que yo me considere la persona más fiestera del mundo, ni muchísimo menos. Más bien todo lo contrario. Pero por contradicciones de la vida, creo que estadísticamente habré salido más de fiesta que todos ellos juntos. Por una razón muy fácil: yo he estado soltera y saliendo todos aquellos años en los que ellos no. 

Cuando comencé la universidad, no estaba soltera pero a punto. Y aún así, salía de fiesta. Llevaba ya de hecho un par de años en esto de salir los findes a tope. A veces con Nenúfar, mi mejor amiga desde los 16, y a veces no. Nenúfar siempre tuvo la habilidad de desaparecer de la faz de la tierra cuando empezaba con algún chico.
Por aquellos entonces conocí a mis 2 mejores amigas de la universidad, una de ellas con novio de toda la vida. Lo que se traducía siempre en su ausencia en todos los planes que iban más allá de las horas de la universidad. Los fines de semana ella desaparecía, y Nuez y yo nos dábamos a los bares de malasaña aunque al día siguiente hubiera examen. Tampoco es que fuéramos unas locas desfasadas, pero nuestras jerguecitas nos pegábamos. Al cabo de 2 años, a Minus y a mí nos dieron una beca juergasmus para ir Torino.
El calendario de aquel año en Italia se redujo a: Lunes: fiesta en murazzi, Martes: fiest en el XÒ, Miércoles: fiesta en pepito perez, Jueves: fiesta en la Cutre, Viernes: fiesta en alguna casa y luego salir...
Me harté literalmente de salir día sí día también. Era muy, muy cansado. Entonces volvimos a Madrid para cursar otro año de carrera, y aunque fue un año más tranquilo, tampoco nos encerramos en casa. Por entonces Nuez estaba de Erasmus en Bélgica y se echó novio, por lo que cuando volvió quería una vida apaciguada y tranquila con planes de ir al cine y esas cosas. Yo en cambio seguía apuntándome a lo que fuera. Me fui otro año a Edimburgo, y cada fin de semana salíamos, porque éramos un grupo nuevo de amigos de muchas nacionalidades diferentes y ninguo tenía pareja. También íbamos al cine, pero todos juntos. Luego volví, y mis amigas a veces querían cine con sus novios y yo me acomplaba a cualquier otro plan de mis conocidos. Porque todos esos findes en blanco donde mis amigas tenían un plan traquilo con sus novios, yo no tenía plan. Pasé muchos findes en casa y muchos findes con otros grupos de amigos en fiestas o quedadas. 

Luego fue Minus la que quería fiesta, pero por entonces vivía en Londres. Yo también quería salir y no lo hacía mucho porque yo era la única soltera de mis amigas. Me mudé a Londres. Yo seguía queriendo salir pero entonces Minus tenía novio y ya no tenía dinero ni ganas de salir conmigo. Conocí gente y seguí saliendo. Entonces conocí a Daniele, y seguimos saliendo juntos y también yendo al cine, y quedándonos en casa y cocinando, y viendo series en el sofá con una manta. En Londres envejecí (no digo cambié o maduré, literalmente envejecí) mucho, lo reconozco. No dejé de salir pero cada vez me apetecía menos, y me apetecía más salir a dar una vuelta al parque, ir a conocer sitios y hacer una cena en casa.

Hace ya un año que nos mudamos Daniele y yo a Madrid. Y sí, sigo quedando y saliendo, pero ni mucho menos hasta las 7 de la mañana como antes. Ya no solo porque no aguante, ni porque sea un muermo, sencillamente no me apetece una mierda. ¿Tan díficil es de entender que yo he gastado la mayoría de mis cartuchos, mientras todos vosotros estábais dosificando entre planes de cine y de sofá? Y que yo ya he tenido muchos años de fiesta loca, y que ahora me he cansado y me apetecen otros planes y no ésos. Yo respeto que cada cual haya seguido su ritmo, de novios, de niños, ¡de lo que cada uno quiera! pero me cansa un poco el que ahora me tilden de muermo cuando es a mí a la que no le apetece salir hasta morir.
Y que nadie me venga por favor con que tengo 29 años y que soy muy joven para no salir o aguantar o mierdas en vinagre, porque creo que con 10 años que llevo ya saliendo quizá, y solo quizá, puede apetecerme cambiar lo que he hecho siempre por otras actividades. Llamadme rara.

Tenía que decirlo.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

La felicidad era esto

Hay muchos momentos en la vida, muchas etapas, distintos tipos de felicidad. Una emoción no puede ser siempre la misma. La mía era un poco especial, una felicidad que me empujaba fuera de nuestras fronteras y se aburría fácilmente de las rutinas. También me llevaba a descubrir nuevas aficiones, pasiones efímeras que se evaporaban normalmente pasados un par de meses. Era una sensación liberadora, la de perderme por calles y pensar que podía hacerlo, porque nadie me buscaría al cabo de unas horas. Tampoco tenía que contárselo a nadie si no quería.

Era una felicidad un poco especial, que a veces interrumpía mi sueño con ansia y no me dejaba reconciliarme con él. Las madrugadas se hacían eternas, a veces también productivas. Eran los nervios de lo que está por venir, los que me comían.
Mi cabeza bullía planes y ninguno acariciaba la idea de quedarme en el sitio. 

My little one, mi pequeña felicidad, ha cambiado. Ahora la veo más guapa, como crecida. Sigo siendo feliz, y ahora más feliz que nunca. Lo sé porque aunque estoy de mala hostia ahora, no puedo evitar pensar "joder, qué feliz soy". Hoy es un día de mierda, de los que estás enfadado contigo mismo y con tu organismo, pero qué feliz soy. Hoy mi felicidad duerme por las noches, porque lo que estaba por venir vino para quedarse. Y ahí sigue cada mañana. Los nuevos hobbies han cambiado de forma, de color y de sabor. Los hay ahora menos huracanados y estacionales. Los hay más pacientes y compartidos.
Mientras antes se revolcaba en el edredón de mi habitación compartida, saltando sobre los muelles hechos trizas de la cama, ahora mira mi casa con devoción. Quiere quedarse, adora su rutina.

La felicidad es saber llegar a casa. La felicidad era ésto.



lunes, 24 de agosto de 2015

Gracias, familia

La familia no es la que nace, es la que se hace.
Cada vez estoy más convencida de que la familia es la que tú eliges, y sobre todo, la que te elige. Las personas que te quieren y te aprecian, no los lazos de sangre. Los lazos de sangre son algo que alguien se inventó.

Hay gente que tiene lazos muy fuertes con sus familiares, y esto tiene sentido porque al fin y al cabo, y en teoría, es con las personas con las que más tiempo pasas desde que eres pequeño. Y eso une mucho, quieras o no. Yo, por ejemplo, adoro a mis padres y a mi hermana. No solo porque sean mi familia, que también y orgullosa de que lo sean, si no porque me han elegido y yo les he elegido a ellos. También adoro a mi cuñado, a mi hermano mayor postizo. A él no me unen lazos de sangre, pero le siento tan de mi familia como a mis padres y hermana.
Porque son buenas personas y quiero tenerles siempre cerca, porque se preocupan por mí y por lo que me pase, porque siempre me han demostrado su calor y apoyo incondicional. ¡Por mil cosas!
Podría haber sido de otra manera.
 

Como digo, la familia es la que se hace. Mi familia es la persona con la que voy a compartir mi vida. Mi familia también son mis amigas, mis amigos y la gente que aunque esté lejos, está cerca de veras. Esas personas que pese a que pasen meses, o años sin verse, te hacen sentir que el tiempo es una medida absurda que no puede medir el cariño. 
En momentos como estos me siento muy afortunada. 


GRACIAS POR ELEGIRME.



viernes, 12 de junio de 2015

Last night - You said.

Llegué a pensar que cuando creces, el dolor desaparece. Ayer no te encontré, y tú no me buscaste. Y eso es lo que al final izó la noche.
Al despertarnos me has abrazado, desde lejos. Creo que me has perdonado, aunque yo no te oía. La vida es tan corta y las noches, tan largas.

Hoy me pediré un café pendiente, de los que te guardas en la agenda del trabajo, de los que saben a indiferencia y a leche en polvo.
Hoy voy a saborear Madrid como si fuera ella la que me quisiera, y no al revés. Cuando pases por mi lado no saludes, no molestes.

Cuando crezca, pienso, quiero ser como ellas. Que la gente me lea, aunque no me entienda.