miércoles, 11 de abril de 2012

Peaceful Lisbon (parte 2'5/3)


Miércoles.
Mi nueva casa hippy. Antes de David.

Ya llevo varios días y ya es un poco mi casa, aunque haga demasiado frío.
Me levanto. No quiero hacer nada, pero bueno.

Cogemos de nuevo la moto de novela de Federico Moccia y vamos a otro mirador que me recuerda a los Campos Elíseos. Está en una parte más nueva, más ciudad, mejor construida. Nos sentamos en el borde del poyete que da al jardín. Tengo vértigo, pero consigo dejar las piernas colgando. Hablamos sobre ética y moral. Los dos llevamos gafas de sol. Siempre es más fácil hablar de cosas profundas cuando llevas gafas de sol. Me pongo un poco triste, pero no digo nada. David habla más que de costumbre.

Luego visitamos otro museo de culturetas. A mí no me atrae nada, así que me dedico a captar esencias con la cámara de David. Él camina lento y a veces me enseña. Comemos dentro, en un comedor de residencia. Hay sopa.

Después del café nos tiramos en los jardines de fuera a fumar un cigarro y filosofar sobre la vida de las palomas y las modelos. Aunque no tengan nada en común.
Por último visitamos una cafetería chill out escondida detrás de un parking. Nada más entrar me enamoro perdidamente. Hay una parte interior cubierta con una carpa blanca, donde decenas de sillas de colores chillones se arremolinan frente a unas mesas redondeadas. Todo el mundo fuma.
Pasamos al fondo, donde se abre ante nosotros una terracita al aire libre con una de las vistas más bonitas del mundo. También hay sillas de colores, sofás y cobertizos hippies.
Escogemos un sofá verde al borde de la terraza para contemplar mejor las vistas. Pronto nos traen un par de mantas a juego, pedimos un chocolate caliente y nos pasamos horas haciendo nada. Es el lugar más zen del mundo. Paz. Sólo hay paz. Deseo que haya uno en Madríz, aunque tal vez lo haya y yo no lo conozca. Me culpo por ello.

Cuando ya no sentimos los músculos del frío nos levantamos y volvemos a casa. David se va a trabajar. Yo me quedo en casa porque estoy muy cansada. Escucho sin parar Adriana Calcanhoto. David me la ha enseñado unos días antes y me parece la perfecta banda sonora para mi estado de ánimo.


Me preparo la cena, cojo una manta y veo un capítulo de HIMYM en el Mac de David. Cuando él llega a casa yo ya estoy demasiado dormida como para darme cuenta.

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